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Legado digital: qué hacer cuando alguien fallece

Hace pocos meses falleció un amigo, padre y marido, hijo y hermano, el destino quiso que no pudiéramos seguir disfrutando de él. Al poco tiempo, hablaba con Edurne, mi amiga y esposa del fallecido, que me contaba un poco por encima todo el papeleo que supone “despedir” a alguien y de lo necesario que se hace el apoyo en un buen abogado y de la familia.

En un momento de la conversación Edurne me preguntó cómo podía acceder a la nube con el contenido familiar, del cual era administrador su marido, ella recordaba las últimas credenciales, pero cosas de la vida, Fer las había cambiado días antes de irse.

A ella tan sólo le interesaba, en principio, poder recuperar las fotografías de los últimos años, pero a mí se me venían a la cabeza tal cantidad de información que de forma inconsciente dejamos almacenada en Internet que, no me quedó más remedio que pedirle que me hiciera un listado de las redes sociales, cuentas de correo electrónico y almacenamientos en la nube que tenía su marido.

¿Qué ocurre con toda nuestra información que aparece en Internet cuando morimos? ¿Puede usar alguien los archivos en la nube, los blogs, las fotografías, sin impedimento del fallecido?

Sobre el llamado “patrimonio digital”, no existe una legislación específica a día de hoy, pero muchas personas empiezan a ser consciente de dejar un “testamento digital”, unas últimas voluntades 2.0. para poder protegerse, por ejemplo, de posibles casos de suplantación de identidad o robo de ese contenido que está en Internet, pero que es de su propiedad.

Legado digital

Amazon y Spotify no contemplan la cesión de música, libros, podcasts, apps o programas de televisión comprados por un usuario, así que cuando éste fallece, el contenido adquirido se pierde, porque según explican estas compañías, no existe una compra física de las obras, afirmando que los usuarios tan sólo adquieren el derecho personal de uso.

Facebook, Twitter, Instagram, Snapchat o Youtube, optan por licencias “personales e intransferibles”.

Facebook exige que se aporte el certificado de defunción y una orden judicial para acceder a la cuenta de un familiar fallecido y convertirla en lo que llama “una cuenta conmemorativa”, en la que la información que colgó el difunto permanece pero se quitan los comentarios, pero también nos ofrece la opción de designar un contacto de legado para ahorrarnos todos los trámites anteriores

Con Apple el derecho de uso de contenidos de iTunes o de almacenamiento en iCloud termina con la muerte.

En Twitter podemos acceder a un formulario de privacidad para poder solicitar la desactivación de la cuenta del difunto o bien que los herederos puedan descargar el contenido de la misma antes de eliminarla.

A Dropbox se puede mandar una solicitud para que nos lo faciliten el acceso a los contenidos del fallecido.

Legado digital

¿Quién puede administrar todo nuestro patrimonio digital tras la muerte? Bien, lo normal sería que la persona que designemos sea un familiar o alguien de máxima confianza, ya que será el albacea de todos nuestros contenidos en la red. Pero como no podía ser de otra forma, ya existen multitud de compañías que ofrecen servicios como los de cerrar perfiles de redes sociales, cuentas de correo, suscripciones a páginas web, transferencia de los archivos alojados en la nube a los herederos y limpiar nuestro rastro digital.

Ante la falta de una regulación a la que hacía mención al principio, cada una de las empresas de servicios en Internet tiene regulada su forma de actuar en caso de fallecimiento del titular del servicio contratado o gratuito, pero a día de hoy, lo más habitual es que se solicite acreditar la defunción mediante un documento original o copia para dar de baja el perfil/cuenta o bien permitir el acceso al servicio al heredero digital.

En resumen, y aunque suene raro o incómodo decirlo, planteárselo o siquiera imaginarlo, debemos empezar a reflexionar sobre qué y dónde está nuestra información en Internet, y saber qué queremos que pase con ésta cuando nosotros ya no podamos administrarla o hacer uso de ella. También tendremos que autoexigirnos una disciplina para que nuestros “herederos digitales” lo tengan algo más fácil que mi querida amiga, que al abatimiento por la pérdida ha tenido que sumar el desconocimiento y la incertidumbre en la recuperación de algo tan preciado como son sus recuerdos.

Dedicado a todos los que partieron pero dejaron nuestra memoria llena de recuerdos.




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