Claro que si te añado como amigo aunque no te conozca: tu privacidad en juego

Llega el verano y tras mi exitosa “operación bikini” no puedo resistirme a subir unas “fotitos” en las redes sociales, blogs, webs y cualquier plataforma de difusión digital, para que los demás vean mis logros. Mi Zenfone me ayudará a conseguirlo, su cámara, su conectividad y la potencia de su procesador me permitirán mostrar lo mejor de mi en la red….

Seguro que algun@ de vosotr@s se ha sentido identificad@ con el párrafo anterior, yo también, pero ¿qué pasa cuando priorizamos la difusión sobre la privacidad?, ¿es necesaria toda esa exposición?, algun@s, los profesionales, se deben a sus fans, a sus patrocinadores y se ganan la vida de esta manera, ell@s ya asumen los riesgos de la sobreexposición y cobran por ello, pero Sara, María, Carla, Nora, Jesús…. ¿qué consecuencias puede acarrear la difusión sin control para ell@s?

Hoy toca hablar de la “APPeración privacidad”, es en esta época del año cuando aumenta exponencialmente el contenido multimedia publicado en las redes sociales, ¿objetivo?, ganar seguidores, “likes”, “amig@s” o cualquier puntuación positiva en concursos de fotografía con temática veraniega, en resumen, regalar a nuestra audiencia nuestros momentos, sin tener en cuenta que exponemos nuestra vida privada y la de l@s que están al fondo de nuestras imágenes.

Al igual que nos proponemos estar en forma para lucir palmito, también debemos concienciarnos de qué y a quién le entregamos nuestra intimidad, con selfies en bikini corriendo por grupos de whatsapp, fotografías de besos románticos con visibilidad pública en Facebook, adornándolos con comentarios como: “en el hotel …. antes de ir a cenar con mi novio”, “amor en pareja bajo la luna de….”.

Privacidad en juego

Seguro que much@s de vosotr@s no se ha imaginado donde puede acabar toda esa información o qué se puede hacer con ella. Os comento que alguien que sepa que estáis de vacaciones puede intentar entrar en vuestra casa, hay gente que monitoriza las redes sociales con ese y otros fines para “hacer el agosto” a cuenta de incaut@s que publican cada hora qué, dónde, cómo y con quién están.

Las consecuencias pueden ser de lo más variopintas, teniendo en cuenta la información que facilitamos, ubicación, coche, horarios, compañía, regalos, posición social, trabajo, familiares… por no extenderme mucho.

Un dato algo antiguo, pero que viene al caso es que, en el año 2012, el 88% de las imágenes sensuales o sexualmente explícitas que niños y jóvenes publicaron en las redes sociales fueron robadas por portales de contenido para adultos. El uso que harán ya os lo podéis imaginar.

Recuerdo el caso de una chica australiana, que salió en los medios australianos el año pasado. Ella contaba como publicó en su perfil de Facebook un “selfie”, cuando tenía 17 años y 5 años después, esa misma joven, haciendo una búsqueda inversa de sus imágenes, se percató que sus fotos de perfil estaban siendo usadas (manipuladas con editores de imagen) en una página de pornografía sin su permiso.

La “APPeración privacidad” la podemos tomar como un reto o como una pauta, ambas opciones son igualmente válidas si conseguimos el objetivo, que nadie tenga lo que nosotr@s no queremos compartir. Al principio es cuestión de concienciarse, luego las normas se automatizan y al final la privacidad pasa a ser algo con lo que convivimos en armonía y nos aporta tranquilidad y seguridad.

¿Qué hacer cuando alguien nos quiere agregar en una red social?, qué fácil, tiene much@s amig@s, nosecuantosmil likes, fotos en su casa, que menuda casa, y conduce un deportivo y encima le gustan las mismas cosas que a mi…. ¡¡Aceptar Amistad!!… ¿a qué si?, aunque sea por probar o curiosear un rato en su perfil y luego desagregarl@.

Supongo que sois conscientes que con ese click habéis entregado vuestra intimidad a un desconocido y que en el rato que cotilleáis su muro y sus fotos, quien esté detrás de es@ bombón os estará sacando las tripas literalmente, descargándose toda la información y multimedia, que sólo compartíais con vuestr@s amig@s, ya que vosotr@s mism@s le habéis dado acceso. Y que conste que yo también lo he hecho, para probar, pero por suerte no debía tener nada de interés y no he sufrido las consecuencias.

Entiendo que ningun@ de vosotr@s le entregaría las llaves de su casa a alguien que se encuentra por la calle y le parece interesante, o las llaves de su vehículo para que se dé una vuelta. No confiamos en nuestros vecinos, pero ese perfil de Facebook se merece una oportunidad.

No seamos ingénu@s, mi madre dice que “nadie da duros a pesetas” o “euros a céntimos”, para l@s más jóvenes. Tomemos conciencia del entorno y seamos precavid@s. Si no quieres que se vea, no lo publiques; si no quieres que se sepa, no lo cuentes. Las redes funcionan como los patios de colegio, como la “vieja del visillo”, nunca sabes quién puede estar escuchando o leyendo tus publicaciones y qué uso posterior puede hacer de ellas.

Privacidad en juego

Y si aun así nos decidimos a publicar una fotografía con el hombre o la mujer de nuestra vida….. vamos a compartirla con esa persona, que “Chabelis” y “Pantojas” ya hay de sobra.

Ah! y por si nos os disteis cuenta, mientras compartís esos momentos con quién sabe quién, no los estáis disfrutando. Capturar y conservar vuestros mejores recuerdos, hacerlo porque así los tendréis siempre. Pero que no permitáis que los altere un desconocido.

 




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